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Profesores necesarios, casi imprescindibles

Aquello que hoy llamamos “educación” no es más que la masificación de un sistema instruccional y doctrinario intentando emular al sistema empresarial. Heredando su génesis industrial, hoy la educación escolar refleja los conceptos típicos de una empresa comercial: visión, misión, metas, objetivos, planificación, producción, evaluación, control de calidad, etc. Así, los profesores se han transformados en funcionarios y los estudiantes en elementos de consumo de una sociedad que poco o nada le importa si el resultado de tal proceso es la creación de un ser humano cada vez menos sensible a su propia circunstancia existencial. Por tanto, al final de tan “controlado proceso bajo estrictas normas de calidad”, lo que se esperaba como ser humano en pleno desarrollo de sus facultades humanas, se ha transformado en un ser neurótico, preocupado única y casi exclusivamente con él éxito personal, llevando una vida que “necesariamente” debe ser planificada, con visión, objetivos, metas, evaluaciones, producción de alguna cosa, en fin, un círculo vicioso en el que se ve envuelto y del que se le hace cada vez más difícil salir. Perdido entre tanta parafernalia sistémica, la posibilidad de vivir una vida plena en paz, libertad y simplicidad se hace cada vez más lejana y utópica. Así también, la educación por la que luchó Paulo Freire se nos hace cada vez más lejana, pues nuestros niños y niñas, profesores y estudiantes, se sienten cada vez más oprimidos por un sistema que les pide rendimiento y los mide como si fueran “cosas”. El sujeto histórico, creador de su propio destino, ahora, trasformado en objeto de uso y abuso del poder de turno, apenas se reconoce frente al espejo, debe dejar sus emociones, sus sueños, esperanzas y hasta algunas alegrías vanas, en el bolsillo de un pantalón que no volverá a usar. ¿Es triste? ¿Cómo hemos sobrevivido a esta vorágine de órdenes, faltas de respeto a la autonomía profesional, atentados a la creatividad? Tengo la impresión que nuestra sobrevivencia se la debemos a esos profesores “ciegos” y “sordos” a esas órdenes, cuya “locura” humana les permite reírse cuando muchos lloran, y soportar por otros lo insoportable. Profesores que portan un optimismo casi genético. La sabiduría urbana aconseja mantenerse cerca de ellos. Si usted conoce alguno o alguna educadora que, a pesar de los ataques a mansalva sobre nuestra integridad emocional, entran y salen de la sala de clases irradiando alegrías, bromeando aquí y allá, no lo deje escapar. Son los profesores-educadores “todo terreno”, aquellos que han aprendido que su humanidad está por sobre cualquier “parafernalia sistémica” y que esa realidad no es la suya, no la asumen como propia porque creen más en sí mismos que en los demás, conscientes de que si hay alguien responsable de esta calamidad no son sus niños y niñas. Profesores necesarios y casi imprescindibles, sin ellos la angustia sería total. Mis sinceros reconocimientos a todos aquellos educadores, que dándose cuenta de una realidad que los ignora y los castiga, continúan su camino de entender la pedagogía como uno de los mejores, sino el único, medios para la liberación.

 
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Publicado por en 10 de septiembre de 2014 en Reflexion

 

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NIÑO OBJETO

El niño o niña adquiere esta condición cuando no se respeta su vulnerabilidad física, intelectual, espiritual y social y se le manipula en función de intereses ajenos a su libertad, generalmente derivados de complejos, frustraciones y sueños no cumplidos de los adultos. Esto es, el niño es objeto de estudio, objeto de análisis, objeto de castigo, objeto de aprendizaje, objeto de competición, objeto de rendimiento, objeto de test físicos o psicológicos, objeto de representación de ideologías políticas, religiosas, pedagógicas, etc. La Convención de los Derechos del Niño (26 de enero de 1990), establece en su Artículo 3° que: la consideración más importante en todas las circunstancias siempre será a favor de los intereses del niño o niña. En la misma Convención se indica que resulta esencial que los niños dispongan de la información necesaria sobre las opciones que existen y las consecuencias de tales opciones, para que así puedan tomar decisiones con pleno conocimiento de causa y libremente. Esto implica no colocar ninguna propuesta, idea o actividad por sobre los intereses del niño o niña y no se justifica, salvo bajo circunstancias médicas, la medición o evaluación de sus condiciones, capacidades y habilidades físico-orgánicas. Cuando se intervienen niños, utilizándolos como conejillos de indias, para averiguar la utilidad de un test físico o de un programa de estimulación motriz, lo que estamos haciendo es no respetarlos en su propia integridad, utilizándolos como objetos de uso y abuso de poder y no como sujetos creadores de su propia historia. La libertad de un ser humano parte de la base del respeto por su condición vulnerable frente a las circunstancias de la vida y pocos seres son tan vulnerables como los niños, manipulados por las circunstancias y por adultos inescrupulosos que buscan a través de ellos justificar sus propias frustraciones o sueños. Y cuando no respetamos esta condición vulnerable, no respetamos la libertad que tiene el sujeto de negarse a la manipulación. Maturana nos indica que el respeto del otro como legitimo otro, pasa por preguntarse si lo que hacemos por ese otro tiene que ver con él o con lo que yo quiero para mí desde él. En el afán de conseguir demostrar una teoría o de conseguir medallas, muchas veces no medimos consecuencias. Los niños y niñas no son objetos que podamos manejar a nuestro antojo. Es una falta de consideración a su humanidad utilizar su inocente voluntad con fines de rendimiento, de performance. Los niños, quizá como todos nosotros, solo quieren jugar, divertirse. Aun estando conscientes de la importancia del deporte en el desarrollo de niños y niñas en edad escolar, se debe tener en cuenta que los procesos de entrenamiento pueden poner en riesgo el deseo por continuar practicando un deporte determinado, si le exigimos un rendimiento más allá de sus capacidades físicas y emocionales. Si bien los padres tienen derechos legales sobre sus hijos, es importante preguntarse sobre los derechos morales, porque tenemos la costumbre de exigirles que hagan cosas que nosotros nunca hicimos, depositando en ellos la responsabilidad de un futuro mejor. Para que un niño deje de ser objeto y se transforme en sujeto, es necesario liberarlo de nuestras convicciones y manipulaciones, reconociendo que sus vidas no nos pertenecen, colocando nuestros esfuerzos en función de ayudarlos a reconocer y crear su propia integridad y visión de mundo, respetando su funcionalidad  cuidado de su integridad, paz y bienestar físico, emocional y social.

 
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Publicado por en 8 de julio de 2014 en Ensayo, Reflexion

 

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“Nuestra” Educación Física

¿Qué es nuestro en Educación Física? ¿Cuánto de la información que reciben nuestros niños y niñas en escuelas y liceos tiene que ver con su país, con su región, con su provincia, con su comuna, con su vida?; más aún, ¿en qué momento (entiéndase clase) los estudiantes pueden valorar lo propio? ¿Es que existe tal cosa? ¿Existe la posibilidad de que en una clase de Educación Física podamos vivenciar nuestra cultura? ¿Y cuál sería esa cultura? Difícil. El currículo comprende acciones fundamentadas en el extranjero, la gimnasia es una muestra de ello. De las múltiples posibilidades y variedades de gimnasia que existen, en escuelas y liceos se repite siempre la misma: gimnasia artística y rítmica deportiva. Cheer leaders es otro producto importado. No digo que no tengan lugar, lo que digo es cómo es que en todos estos años no hemos sido capaces de crear nuestras propias manifestaciones corporales. Luego hablamos de poca identidad con lo nuestro. Si no existiera el 18 de septiembre, no sabríamos que la cueca es una de las pocas expresiones que pueden llamarse chilenas. Pero Ud. no verá cueca en enero, menos en marzo, porque marzo es aplicación de test de resistencia, por lo que he podido observar. Es como una epidemia, todas las escuelas a comienzo de año escolar tienen a sus niños y niñas corriendo alrededor de una pista o de una plaza. Pero ahí estamos, trota que trota, como una sagrada oración que al parecer el que no la hace, forma parte de los pecadores e irresponsables de la educación física. Afortunadamente, al menos para mí, hay un par de profesores rebeldes, que dándose cuenta de esta ignominia cultural, se rebelan frente a la imposición de criterios foráneos, y proponen, junto a sus estudiantes, otras alternativas. ¿Es Ud., uno de ellos? O ¿Usted es de los que acata sumisamente las órdenes de la cultura dominante? ¿Para eso estudió pedagogía cinco años en una universidad? Un maestro de la educación física creó hace muchos años lo que hoy conocemos como Gimnasia Rítmica Formativa, ideas que hoy se publican en un libro de ediciones UBB. Fue un pionero en su tiempo, un loco según los más cercanos, pero Jorge Pérez gallardo (“negro” Pérez para los más confianzudos), fue capaz de atreverse y levantar la voz para crear algo propio. Pero la levantó tan fuerte que tuvo que irse de Chile y Brasil heredó su invento. El resto es historia. Hoy nos aqueja la obesidad y el sedentarismo. Pues les aseguro que en tanto las clases de educación física sigan en el paradigma muscular, será muy difícil que esto cambie. Les invito a reflexionar al respecto. ¿Por qué la mayoría de los profesores de Educación Física hacen siempre el mismo tipo de clases? ¿Por qué creemos que trotando vamos a estimular a la actividad física espontánea? Todos somos inteligentes, todos somos creativos ¿qué esperamos para cambiar esto? Les recuerdo que la educación física que hoy tenemos vino y se impuso desde fuera y como tantas otras conquistas, se han quedado en nuestro imaginario social para siempre, negando la posibilidad de crear lo nuestro y por ello es lógico que el cambio no vendrá desde fuera, ya no vino. El currículo por competencia es otra forma de dominio cultural. Nosotros podemos, es más, debemos, crear nuestro propio currículo, nuestros contenidos y nuestra forma de evaluarlos. Ya es tiempo que nos demos cuenta que hemos servido a intereses ajenos y que sin despreciar su dudosa contribución a nuestra cultura, les invito a re-pensar, re-construir, re-danzar, re-encantar, re-pintar, re-evolucionar y, en definitiva, revolucionar la educación física escolar. No creo que nos equivoquemos tanto.

 

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Autoetnografía

La autoetnografía es un género autobiográfico de escritura e investigación que despliega múltiples capas de consciencia, conectando lo personal con lo cultural (Richardson). Es un encuentro entre lo individual y lo social. En la etnografía el investigador observa a otros, en la autoetnografía el investigar es “el otro”. Habla desde sí mismo, desde sus sensaciones y emociones que le van dejando sus experiencias. Reconoce lo propio como valioso y digno de ser indicado como objeto de investigación, buscando respuestas a preguntas personales o sociales. Este ejercicio es algo a lo que no estamos acostumbrados pues la escolarización a la que hemos sido sometidos nos ha negado nuestra propia producción cultural y, especialmente para cierto sector positivista de la producción académica, este tipo de análisis de la realidad no es objetivo y tal acto negaría su veracidad y validez científica. Cuando a un estudiante, de pre o posgrado, se le solicita que en su ensayo exponga sus propios puntos de vista o la relación del tema tratado con sus experiencias, tal ejercicio complica sus posibilidades de redacción y expresión argumentativa. Esto indica que, al parecer, es más fácil escribir sobre datos e información producidas por otros, recopilando en un informe distintas opiniones y resultados de investigaciones que, no importando si tienen o no relación con la propia vida, son evaluados como la máxima expresión del conocimiento. Son las típicas reglas de las revistas científicas indexadas, el articulo adquiere mayor valor cuanto más extensa sea la bibliografía utilizada. Y esto tiene raíz escolar, cuando a niños y niñas se les evalúa casi siempre desde la memoria y solicitando disertaciones con temas poco relacionados con sus propias vidas. Pues desde mi punto de vista eso es reproducir y no producir conocimiento. Reproducimos en un papel o power point las ideas de otros. Para que hablar de la danza o sistemas de fitness, casi todo copiado de extranjeros, son muy pocos los profesionales que han construido su propia práctica pedagógica. Y no faltan los que se sienten dueños de lo producido por otros sin respetar la autoría. Para producir nuevo conocimiento es necesario un ejercicio intelectual que nos lleve a reconocer nuestras propias experiencias como valiosas, significativas y trascendentes. Creo que ya es tiempo que valoremos y pidamos a nuestros estudiantes que si van a escribir sobre algún tema, consideran seriamente hacerlo autoetnográficamente. No se puede pretender modificar realidades sino modifico mi propia visión de mi mundo. En el fondo, la autoetnografía es una forma de dar voz y rebelarse a una educación que nos ha negado el valor de nuestras vivencias y, de paso, negado nuestra cultura y nuestra particular forma de ser, hacer y ver el mundo.

 
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Publicado por en 2 de mayo de 2014 en Uncategorized

 

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Educar, no domesticar:

 

Educar no es entrenar cerebros, tampoco se refiere al direccionamiento de los espíritus. La educación debería llevarnos al encuentro de seres humanos libre-pensadores en beneficio siempre de una sociedad más justa y tolerante. Hoy nos preocupa más cuanto sabe una persona que la fortaleza y bondad de su corazón. Nos interesa más cuanto vendo y cuanto compro. ¿Qué nos fue pasando? ¿Cómo nos convencieron? ¿Cómo me fui contaminando? ¿Cómo puedo salir de ahí? Pero, más importante aún: ¿nos interesa salir de esto? Una vez más podría decir que es la misma educación la responsable de las respuestas a estas preguntas. Pero mientras los sistemas educativos no consideren la opinión y la cosmovisión de todas las expresiones culturales, de todas las formas de vivir, de todos los que tienen algo que decir, seguiremos en este pantano de ilusiones que nos hace creer que otro mundo es posible. Otro mundo nunca será posible si continúo en el camino de perpetuar el estatus quo, de rendir pleitesía a la cultura dominante, de rendirme frente a mis propios sueños. Creo necesario ser rebelde frente a lo que se nos enseñó, desaprender para iniciar un nuevo aprendizaje. Rebelarse a las máximas, premisas y métodos de aprendizaje concebidos como verdades. No es el “movimiento” lo que da significado a mis intervenciones, soy yo quien otorga significado a las cosas, al mundo y yo soy mucho más que movimiento, mucho más de lo que hace mi cuerpo, construyo mi realidad en cada pensamiento, en cada imagen que nace impulsada por mis sentidos. No quiero definiciones ni quiero verdades. Siempre hay otra manera de hacer, ser y existir. Por ello creo también necesario escuchar a nuestros niños y niñas, iniciar diálogos desde sus preguntas, considerar que su mundo ya no es el nuestro, que este siglo exige otra mirada de las cosas del universo. Se hace necesario también un regreso a la simplicidad, a la paz interior, al ocio creativo. Nos hemos obsesionado con las mediciones, una espiral de evaluaciones que no se detiene frente a nada, apagando poco a poco muchas sonrisas y anulando una creativa forma de vivir.

 
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Publicado por en 30 de abril de 2014 en Uncategorized

 

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Darse Cuenta

“Desde que surgió la vida en la tierra ésta es una capacidad propia de todo lo animado, desde la ameba más modesta y humilde hasta el más evolucionado de los hombres” (J. Stevens). Por ello llama mucho mi atención cómo es que sabiendo esto, muchos de nosotros no nos damos cuenta de lo que significa estar vivo. Es verdad que la circunstancia existencial de cada persona es muy particular y que estamos sujetos a los constantes cambios que en el mundo ocurren y que no podemos vivir la vida de otros. Pasa que este asunto de darse cuenta tiene que ver con el desarrollo de la consciencia, de asumir la responsabilidad de la construcción de nuestra propia vida y las consecuencias de nuestras decisiones. Y pasa también por considerar que esto debería ser objeto de toda educación formal e informal: ayudar a las personas a darse cuenta de sus posibilidades de pensamiento y acción. En teoría acostumbramos a mostrar indicios de esto: “nos hemos dado cuenta que el SIMCE no mide calidad”, “nos damos cuenta de la desigualdad social”, “me doy cuenta que fui injusto”, etc. Pero ahí nos quedamos, en la teoría. Entonces, ¿de qué sirve que diga que me di cuenta si continuo actuando de la misma manera? ¿Qué puedo hacer una vez que me doy cuenta de algo? La ética nos diría que deberíamos actuar en consecuencia, puesto que darse cuenta de algo y no hacer nada al respecto acusa una actitud bastante infantil y una gran irresponsabilidad. Si nos hemos dado cuenta de muchas cosas, sería aconsejable que hiciéramos algo al respecto. ¿Nos hemos dado cuenta que para muchos de nuestros alumnos dar vueltas corriendo en una plaza o concha no es muy motivador? Y si nos dimos cuenta que el joven del siglo XXI vive en la era del Facebook ¿por qué no lo usamos para complementar nuestras clases? Darse cuenta implica asumir que, nos guste o no, muchas cosa han cambiado y seguirán cambiando porque simplemente ese es el sentido universal de la existencia.

 
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Publicado por en 13 de abril de 2014 en Conceptos de Educación Física, Reflexion

 

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¿Clases presencial o Google?

¿Qué diferencia mis clases de internet? O en otras palabras, ¿Qué pueden encontrar mis estudiantes en mis clases que no encuentren en internet? Es una pregunta que constantemente me impulsa a buscarle respuesta, pues a mi parecer, no se justifica obligar a una persona a escuchar en mis clases lo que podría fácilmente encontrar en internet. En términos genéricos, si se trata de información eso es lo que más tiene internet, y una forma fácil de validar dicha información es poniendo en práctica sus postulados. Para los interesados en el tema existe un libro titulado: “¿para qué necesito un profesor si tengo google?” (Ian Gilbert). El autor del libro señala que, en cuanto transmisión de información, el estudiante de hoy no necesita un profesor, ni menos estar toda una mañana en clases para enterarse de algo que puede encontrar en internet en cinco minutos. Por otro lado, según el autor, lo que justificaría la presencia de un profesor es la explicación y construcción de relaciones conceptuales que pueden hacerse desde tal información, especialmente la utilización de un criterio que permita discernir entre el uso correcto o incorrecto del conocimiento. Pero aun así, bastaría con conversar en línea con uno o dos especialistas sobre el tema para ampliar el campo explicativo. Los entendidos argumentan que lo que los estudiantes no encuentran es la vivencia corporal, aunque ya sabemos cómo estimulan los sentidos los juegos en línea capaces de producir las mismas emociones de la vida real. Pero en definitiva se trata de qué tan novedosa puede ser mi clase de tal manera que el estudiante por más que busque no la encontrará en otro lugar ni tiempo. La presencia física es relevante siempre y cuando los argumentos se construyan a partir de las contradicciones vitales de todos los presentes en una sala, porque a fin de cuentas, lo que podría justificar mi presencia frente a ellos es la información que solamente yo les puedo pasar en ese momento, para lo cual se hace necesario haber construido mis propios conocimientos y teorías, caso contrario me transformaría en repetidor de lo que otros pensaron, crearon o dijeron. Si hay algo que no está en internet es ese momento único de espacio-tiempo en el cual se conjugan los pensamiento, sentimientos, emociones y conocimientos de todos los presentes en una sala, por lo tanto es tarea de todos los presentes, especialmente del profesor, transformarlo en un momento significativo, relevante y trascendente.

 
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Publicado por en 4 de abril de 2014 en Uncategorized

 

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